A mi madre y a mi padre (un poema a destiempo)

Me encuentro sólo,

y me encuentro desnudo,

no llevo la ropa que conforma mi escudo;

me siento frágil y ahora pienso,

que esta lágrima es sólo un descenso,

es bajar a lo más hondo,

es extrañar a la que estuvo,

es extrañar al que me enseñó,

a ser un hombre ante lo duro,

y de la vida, y sin tapujos,

expresar lo que yo siento.

 

Han pasado varios años,

y no olvido mi raíz,

aunque se me dificulta,

no me permito un desliz;

sé que cuento con su apoyo,

pero qué le voy a hacer,

si ustedes no están aquí…

 

No lo lloro, lo asimilo,

Y aunque estoy algo tranquilo,

no me siento tan feliz,

me dicen que es normal,

y que esta es la realidad,

de los que vivimos lejos de nuestro país.

 

Basta y ancha es esta mancha,

que se forma en la distancia,

pero no, no hay relevancia,

en el dolor de estar ausente,

porque ustedes me enseñaron,

y siempre tengo presente,

que mayor es mi valor,

entre peor la circunstancia.

 

Muy hondo es el vacío,

de no tener al lado mío,

al hombre y la mujer,

que con amor forjaron mi ser;

es soñar con esperanza,

que el futuro da revancha,

que encontraremos el camino,

y le diremos al destino,

que a pesar del tiempo,

sigue intacto el sentimiento.

 

Expresada mi tristeza,

le doy paso a la grandeza,

le doy paso a la alegría,

de saber que cada día,

aunque estamos a distancia,

son inmensos los abrazos,

y el amor que ambos me envían;

que el amor cruza fronteras,

como quien viaja en tranvía,

y aunque es pronto todavía,

para tener su compañía,

el despertar de cada día,

lo recibo con la energía,

que me da su bendición;

y aunque no tengo el talento,

pa’ escribir un canción,

les escribo aquí estas letras,

que no salen de otro sitio,

que no sea el corazón.

 

Son ustedes mis ejemplos,

con ustedes mi emoción,

sube veinte grados,

como nuestra tierra con el sol;

y la nostalgia del pasado,

que ahora me llena la mente,

al sentir que están ausentes,

da paso a la sensación,

de que todo este camino,

es temporal, no permanente,

y que siempre están presentes,

a un mensaje de distancia,

y aunque me maten las ansias,

de verles nuevamente,

debo recordarme siempre,

que una muy grande virtud,

es la de ser paciente.

 

Subiré las escaleras,

llegaré a mi mente,

y encenderé la luz

para ver todo claramente;

a mi madre y a mi padre,

los extraño demasiado,

los extraño cual muchacho,

en su primer día de escuela,

y es difícil escalar toda esta cordillera,

de trabajo, y en lo alto,

cojo aire pa’ gritarles que los amo,

y que anhelo demasiado,

volver a tenerlos cerca,

bien sea en esta nueva casa,

 o la nuestra en Venezuela.

 

 

maypa


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