¿Voy a casarme y a tener hijos?

El pasado 25 de febrero cumplí 30 años de edad. Y en conjunto con las felicitaciones propias del cumpleaños, llegaron las típicas y redundantes preguntas de algunas personas de mi familia y mi círculo social con respecto a mi futuro “en pareja y con hijos”.

“¿Y la novia qué, y para cuándo te casas? Ya tienes 30, debes ponerte serio…”

“¿Y tú no piensas tener hijos? Ya tienes 30, se te va a pasar el arroz y vas a ser el abuelo de tus hijos si sigues así…”

La verdad es que desde hace un par de años me vienen haciendo este tipo de preguntas, pero con la llegada de la treintena de años se han incrementado tanto en frecuencia como en intensidad; dejándome un tanto confundido porque no logro entender la lógica que muchas veces trae consigo esta presión social.

De hecho, como quizás algunos recuerden, ya antes escribí un poco sobre el tema cuando conversaba con mi buena amiga Amanda acerca del apego y la felicidad.

Mi idea en este post es repasar estas preguntas específicamente, y quizás entender por qué la sociedad tiene esa noción de que la vida se basa sólo en los estándares actualmente establecidos, sin ver un poco más allá de lo evidente. Y por otra parte, quizás necesito escribir esto para entender a muchas personas cercanas que insisten en aconsejarme el matrimonio y la paternidad como forma de vida y cómo receta de la felicidad (sucede que algunas de esas personas son muy importantes para mí)

Como suelo hacer en cada post, repasaré cada uno de los puntos que me interesan, por separado. Así que, vamos con la primera pregunta que suelen hacerme mis queridos inquisidores sociales (A.K.A: Familia, amigos y compañeros de trabajo)

¿Para cuándo te casas?

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Tengo que comenzar diciendo que no todos están hechos para convivir con otra persona, y no todos están hechos para unir sus vidas a alguien más a través de un vínculo jurídico o de carácter religioso como el matrimonio.

Me explico, etimologicamente hablando, la palabra matrimonio se deriva de la expresión “matris munium” proveniente a su vez de dos palabras del latín: la primera “matris”, que significa “madre” y, la segunda, “monium”, que significa “en calidad de”. Básicamente significa el estatus de una mujer con derecho a ser la madre de los hijos de un varón. Incluso me atrevería a decir que el matrimonio es técnicamente “recibir en calidad de madre” a una mujer (Nota: No en calidad de madre para el esposo, aunque se han visto casos, sino en calidad de madre para sus hijos)

Si lo pensamos detenidamente, la definición suena un tanto machista. Pero también es lógico que así sea, porque el término proviene de algún tiempo en la Edad Media, y la sociedad en la cual se desarrolló estaba caracterizada por relegar a la mujer a un segundo plano. Sin embargo eso es tema para otro post, en este quiero enfocarme exclusivamente en el origen de esta unión y explicar mi posición al respecto.

Dejando de lado el componente histórico que tiene el término “matrimonio”, en la actualidad vivimos en una sociedad que tiene gran parte de sus cimientos en el concepto de la familia, y la familia suele estar compuesta de 2 o más personas unidas legalmente (en concubinato, en matrimonio etc.) Es normal que, siendo esta su base, las personas que viven dentro de esta sociedad tengan como norma y como norte, unirse a alguien más y perpetuar no sólo el sistema social, sino el sistema de creencias en el que basamos esa sociedad.

Si esto es así, entiendo que mis padres, algunos amigos y compañeros de trabajo, contemplen mi situación de soltería treintañera como algo fuera de la norma y les llame la atención mi conducta, o que incluso quieran “corregirla” aconsejándome cosas como casarme y tener hijos.

Mi visión de la vida no es para nada especial, ni me considero diferente a ninguno de ellos por no contemplar el matrimonio como una norma de vida. No me opongo a la idea de casarme, pero tampoco tengo en la cabeza la idea de que seré un ser incompleto de alguna forma si no consigo a mi alma gemela y me uno a ella en una boda civil o eclesiástica.

De hecho, y hablando de parejas, no creo que el amor entre dos personas se vea reflejado en el estado civil que las una. Es decir, no considero que dos personas se tengan que casar para demostrarse amor eterno; una pareja de casados no necesariamente se ama mucho más que una pareja en concubinato, o una pareja de novios. El estado civil no define la magnitud del sentimiento. Con lo cual, el acto jurídico de casarse y firmar documento sólo me parece una formalidad para unir, no a dos personas, sino a sus patrimonios presentes y futuros. O sea, un porcentaje de todo lo mío será tuyo, y viceversa; y tenemos un documento que así lo corrobora de conformidad a lo que previamente acordamos en una repartición de bienes, si es que la hubiere…

Debo decir que la sola idea de pensar en ello no me parece ni de lejos un acto romántico, incluso podría exagerar este pensamiento y decir que el documento de matrimonio no representa más que un contrato en el que “me uniré a ti, y como no confío lo suficiente en nuestra relación ni nuestros sentimientos, prefiero firmar un documento en el que varios testigos afirmen que nuestros patrimonios están unidos a partir de ahora, sólo así tendré la seguridad de pasar el resto de mis días a tu lado, de amarrarte a mí, porque si te vas pierdes parte de lo que firmamos…”. Antes de que juzguen esa última frase, recuerden que dije que sería una perspectiva algo exagerada, y también recuerden que, aunque no nos guste, no por ello deja de ser una perspectiva con matices realistas.

Para cerrar el tema del matrimonio, y como ya decía anteriormente, no me opongo a la idea de hacerlo, pero desde luego no considero que sea una necesidad ni algo importante en mi vida. Para mí, representa algo más bien simbólico, aunque la sociedad le quita todo lo romántico al considerarlo una institución social que debe estar cercada por las leyes del estado en el que se celebre.

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Es un tanto irónico e incluso un poco triste que la sociedad que tanto nos pregunta para cuándo nos casamos, sea la misma sociedad que, con un acto jurídico y con abogados de por medio le quita todo lo romántico a la idea de convivir en pareja. Vaya, vaya…

¿No piensas tener hijos?

Que no carajo. Qué fastidio… Miento, no respondo así (pero no estaría tan mal)

La idea de tener hijos la tengo descartada por lo siguiente; existe una poética y muy bonita versión de lo que es traer un niño al mundo, y en esa versión ves a un pequeño bebé con rasgos parecidos a los tuyos y que tiene toda una vida por delante para hacer cosas hermosas como aprender a caminar, a andar en bici, aprender a leer y a decirte papá o mamá, todo ello siguiendo tu guía y creciendo a tu lado. Precioso.

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Esta idea, como concepto es bellísima. Pero la paternidad también tiene un componente un tanto oscuro del que muy pocas personas hablan, y es que la responsabilidad de tener en tus brazos a un bebé se traduce también en cosas no muy lindas como la falta de sueño o tener un alto índice de estrés motivado a las preocupaciones inherentes de ser padres: ¿Se despertó? ¿Tiene hambre? ¿Por qué llora? Son las 3 A.M, deja que mami y papi duerman, le voy a cantar un poco a ver si se duerme de una buena vez…

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Estas dos versiones (resumidas, por cierto) se basan en los aspectos básicos de los primeros años del bebé, se supone que luego de que van creciendo los niños son de alguna forma más manejables porque alcanzan cierto nivel de raciocinio y puedes entablar conversaciones con ellos e incluso cuestionarles algunas actitudes y llevarlos a la reflexión: ¿Por qué armaste berrinche? ¿Por qué respondes de esa forma tan rebelde? Etc. etc.

Sin duda considero que para ser padre debes ser una persona hasta cierto punto abnegada, debes centrarte en otra vida que depende de ti al 100% y la gran mayoría de tus esfuerzos deben ir orientados a mejorar las condiciones de ese bebé que es sangre de tu sangre y fruto de tus entrañas. Y yo no cumplo con ese perfil, sé muy bien que jamás dedicaría mi vida a trabajar para otro ser humano, a enfocarme en que esa otra personita haga las cosas de la manera correcta y enseñarle los valores que la convertirán en alguien mejor a medida que vaya creciendo. Sé que no tengo la paciencia ni la voluntad para ello, y sé que tampoco quiero tenerla. No me hace falta dejar descendencia, no considero que deba hacerlo si me conozco lo suficiente para saber que no sería feliz dedicando tantos y tantos esfuerzos en un hijo, cuando puedo concentrar esos esfuerzos en otras cosas que sí me pueden hacer feliz realmente y hacerme sentir superación y bienestar.

Algunas personas me han dicho que consideran que esta filosofía de vida es egoísta; son esas personas las que suelen pensar que el hecho de ser padres es lo más bonito que hay. Y sí, tienen razón, para ellos es lo más bonito que hay. Para mí no es así.

Yo tengo otro horizonte de vida, quiero dirigirme hacia donde yo quiera, a la edad que quiera y no tener la responsabilidad de alguien más porque simplemente los esfuerzos requeridos para su bienestar no me compensan la parte ‘preciosa’ de verlos caminar/andar en bici/leer/hablar y decirme papá.

No considero que sea egoísta centrarme más bien en mi crecimiento personal y espiritual por encima de tener hijos; y tampoco creo que ser padre me dé un valor agregado en la vida o me haga una mejor persona en el futuro, porque considero que aún con mis defectos ya soy buena persona, y el valor agregado lo iré obteniendo paulatinamente porque yo soy mi mejor proyecto (algunos piensan que la paternidad sí te convierte en mejor persona, porque se desvelan por darle lo mejor a su bebé y trabajan más horas para darle a sus niños lo que ellos no tuvieron de pequeños) pero eso no los convierte en el súper padre que la sociedad les hace creer que son, eso simplemente los convierte en personas responsables que hacen frente a su situación (y esa situación, es sencillamente tener un hijo que mantener y una familia que sacar adelante, y punto)

No demonizo la paternidad y no pienso que esté mal tener hijos, pero al igual que pasa con el matrimonio, no todos estamos hechos para cumplir con el rol de padres. No porque no podamos, sino porque sencillamente no queremos…

Así que no, no voy a tener hijos.

Estas han sido mis reflexiones a la presión social del matrimonio y la paternidad, espero que no se hayan ofendido si en algún momento se han sentido identificados. Nos veremos en otro momento, en el mismo lugar de siempre, respirando pensamientos desde la terraza.

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Pásenla bonito, disfruten de su realidad bien sea en pareja o de forma individual, tengan todos los hijos que quieran y amen a su familia, o no los tengan en absoluto. ¡Pero siempre hagan las cosas que realmente los hacen felices sin dejarse influenciar por la presión de esta resquebrajada sociedad!


One response to “¿Voy a casarme y a tener hijos?

  1. Miguel por favor tú eres el tipo que se casa y tiene bebés, no trates de ir contra la corriente, date una segunda oportunidad convive y vive en pareja y no necesariamente debas tener hijos, pero esas horas de sueño que te quitan y ese estrés por querer ser mejores personas para ellos te lo recompensan con ese amor infinito que siempre sentirán por ti y que más nadie te podrá brindar, amor verdadero y único. Para ser flexibles y mejores personas ten por lo menos un hijo, estoy totalmente de acuerdo con eso, como también estoy de acuerdo con aquellas personas que no quieren tenerlos, pero tú eres 100% el prototipo para tenerlo todo. 😜

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