“La Venezolanidad” ¿Dónde fue que la dejamos?

 

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Hace un tiempo hablaba sobre la crisis política de Venezuela (Venezuela for dummies) En ese post, que data ya de hace un par de meses, había prometido hablar un poco acerca de lo que en mi opinión es la “crisis social venezolana”

Ha pasado un tiempo desde que escribiera aquella opinión, y muchas cosas han sucedido en el ínterin; cosas que solamente han valido para añadir más leña al fuego que día a día consume lo que nos queda de Venezolanidad.

Bien, ese concepto que algunos llaman Venezolanidad anteriormente se utilizaba para describir un conjunto de cosas como el carisma, la simpatía, el buen humor e incluso los valores ciudadanos (conceptos hermosos desde luego) Lo que me resulta triste, es pensar en nuestra actualidad y ver que gran parte de esa definición ha quedado atrás, como una parte bonita de nuestra historia que a día de hoy se vislumbra muy difícil volver a vivir.

Digo esto, porque esa definición de Venezolanidad describe muchas cosas que allá afuera hoy no se ven. Cuentan mis padres que en su generación (por allá por los 70’s) ellos presenciaron y vivieron cosas interesantes como sociedad, por ejemplo:

  • Si se te pinchaba una rueda y te quedabas varado en la autopista, seguramente alguien te tendía una mano.
  • Si te montabas en un bus, o en el metro, la gente saludaba.
  • Si veías la TV, encontrabas personajes como Renny Ottolina hablando cosas interesantes y exaltando la belleza del país en la serie de programas llamada Churún Merú.
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Renny Ottolina

Sólo hace falta ver el rostro de la gente al recordar esa que llaman “su Venezuela” para notar como contrasta con los rostros que vemos en nuestros días, rostros que van deambulando por las calles de nuestros pueblos y ciudades con un semblante bastante oscuro, producto del estrés generado por lo que ya conocemos como la situación país.

Me pregunto, cómo carajos hemos pasado de la época en que los países aledaños se veían desbordados por olas de emigrantes que sólo querían llegar a Venezuela para comenzar a vivir su sueño criollo (por cambiar un poco el concepto del American Dream) Y de pronto nos vimos sumergidos en una realidad social que se caracteriza por la escasez: escasez de valores, escasez de sentimientos, escasez de libertad.

A día de hoy, los problemas políticos han afectado directamente el desarrollo de nuestra sociedad, y lo que antes eran conversaciones familiares en las que la gente se preguntaba con esperanza qué estudiarían sus hijos, a dónde irían de vacaciones en diciembre, o hablaban de cómo algún conocido había cambiado de empleo por mejoras en sus condiciones; se han transformado en conversaciones llenas de “gracias a dios estás bien, pudo ser peor” refiriéndose a los cuentos de como algún amigo o familiar ha sido víctima de la delincuencia, etc.

La degradación social llegó hace mucho tiempo a la calle de en frente, a la puerta de nuestras casas. Es cada día más común escuchar historias de delitos, fraudes y crímenes por parte de nuestros vecinos y familiares. Atrás quedaron aquellas tardes en que las señoras de la cuadra se reunían a chismosear y a criticar la vestimenta de la pavita del barrio. Ahora las tardes son cada vez más cortas y las noches cada vez más largas. A las 8:00pm debes estar en tu casa para que no te pase nada, o mejor dicho, para disminuir la probabilidad de que te suceda algo y retardar eso que eventualmente te sucederá (como ser víctima de un robo a mano armada)

Es difícil descifrar en qué punto de nuestra historia comenzó nuestro declive, yo me aventuraría a decir que fue el día en que dejamos de leer (así, sin más) en que dejamos de estudiar y nos convertimos en venezolanos víctimas de nuestra bonanza, ese día nos convertimos una sociedad aburguesada sin ningún tipo de vida interior. Y creo, muy profundamente, que esa fue la raíz de nuestros males. En algún punto todo cambió, como sociedad perdimos la cultura del consumo y comenzamos a recibir sin rechistar toda la información proveniente de medios de comunicación francamente malos, donde se caracterizaba la TV basura llena de peleas e imágenes de mujeres desnudas para vendernos cerveza. De pronto dejamos de cuestionar lo que recibimos, no cuestionamos las noticias ni las fuentes de los medios. Políticamente estábamos sumergidos en una competencia bipartidista que en lugar de llamarnos a la reflexión, sólo alimentaba nuestro sedentarismo mental con propaganda y nunca buscamos algo más allá. En este punto, la culpa ha sido nuestra por no salir de nuestra zona de confort en el tema social, nos conformamos con la comodidad del sofá y poco nos importó buscar la calidad general que en algún momento nos caracterizó (fuimos potencia latinoamericana, ¿recuerdan?)

Para mí, ese tipo de cambios tuvieron un efecto sumamente negativo en nuestros hogares. Creo que la incultura llenó la cabeza de muchas familias y a su vez la de gran parte de nuestra sociedad. El conformismo intelectual, el gusto por lo trivial, la fácil satisfacción de nuestras necesidades básicas y la viveza criolla se convirtieron en aquellas cosas que luego pasaron a describir aquel concepto de Venezolanidad.

Hemos llegado a ser una sociedad donde el más vivo es el que gana. Donde no importa el respeto por lo ajeno, y donde los derechos de nuestros compatriotas nos importan lo mismo que una mierda de perro en la calle. Mientras escribo esto, tengo una discusión con algunos amigos acerca de un incidente sucedido hace unos días en Venezuela.

Quizás vieron el vídeo de una comediante llamada Vanessa Senior, quien en un establecimiento de Farmatodo tuvo un episodio donde, al no poder comprar 4 cremas dentales (sólo le permitían llevar 2 en la tienda) gritó de insultó a una empleada que le estaba atendiendo en la caja.

Sin entrar a valorar la parte política del asunto, me limité a comentar en mi cuenta de Facebook y en mi cuenta de Twitter que yo no estaba (ni estoy) de acuerdo con la actitud de Vanessa en ese video. Pues como era de esperarse, gran parte de las personas que interactuaron conmigo a partir de allí estaban totalmente de acuerdo con el berrinche de Vanessa. De alguna manera que aún no consigo comprender, las personas pasaron por alto que en medio del berrinche se encontraba una muchacha trabajando cuya integridad fue violentada verbalmente, y sólo enfocaron su análisis en el hecho de que Vanessa Senior, como cualquier otro venezolano, tiene derecho a llevarse la cantidad de productos que quiera comprar.

En eso tienen toda la razón, pero para cerrar de una vez el punto les comento, no pienso que ella no tenga el derecho de llevarse la cantidad de productos que quiera, nada más lejano a la realidad. Yo defiendo su derecho de comprar y consumir lo que ella quiera y se permita pagar. Lo que no concibo, es que ella grite y violente la integridad de una muchacha que está trabajando y que, cumpliendo órdenes, no puede permitirle llevar más de 2 productos. Como dijo una amiga mía, tus derechos acaban donde comienzan los del otro.

El tema está en lo siguiente, cómo es que de todo este asunto, la gente se deje llevar en su análisis simplemente por el tema visceral, entiendo la rabia de Vanessa Senior, y entiendo la rabia de todas las personas que defienden el berrinche. Pero, las formas en que ella se expresó no se pueden permitir, y lo que no me entra en la cabeza es que en una sociedad de gente que ha estudiado y es inteligente, aún con un simple acto como el sucedido con Vanessa, mucha gente no tenga la capacidad de diferenciar un reclamo de un berrinche sin sentido. El reclamo se apoya, el berrinche se cuestiona.

Me entristece pensar en ello, porque si en esta pequeña escala no tenemos la capacidad de analizar separando el cerebro de las vísceras, me temo que a gran escala, los problemas sociales jamás podrán ser solucionados por nuestra propia cuenta (como debe suceder en las sociedades maduras y civilizadas)

Me parece que todo esto es simplemente una consecuencia social que se deriva de la situación país (situación que ya incluye el tema político etc.) Vivimos bajo gran estrés tratando de llevar nuestra vida en medio del caos que hemos heredado y a su vez hemos reforzado. Pero si perdemos el enfoque, si nos dejamos llevar por las emociones antes que el razonamiento, de verdad Venezuela, te digo que así no llegaremos a ningún lado en la solución de nuestros problemas.

Debemos esforzarnos en volver a ser una Venezuela como la de antes, llena de personajes, artistas e intelectuales de gran talla, debemos leer mucho para ser una sociedad capaz de producir más gente como Alejandro Otero, Renny Ottolina, Jesús Soto, Carlos Cruz-Diez, Aquiles Nazoa, Leonardo Padrón, Miguel Otero Silva, Arturo Uslar Pietri, Simón Díaz, Carlos Croes, Juan Vené, César Miguel Rondón, Delio Amado León. Isa Dobles, Manuel Graterol “Graterolacho” u Oscar Yanez. Debemos leer mucho para lograr, a través de las palabras, comprender una realidad que poco a poco se ofusca más y más ante nuestra visión.

Sólo a través de las palabras, y su buen uso, podremos definir la realidad, entenderla, y confrontar todas las situaciones y problemas que ella nos traiga. Así que mi consejo es que volvamos a leer, y que día a día cada uno de nosotros recupere y sea participe de la cultura que alguna vez nos caracterizó.

Seamos eficientes, y recuperemos el verdadero significado de la Venezolanidad

Nos vemos luego, como siempre, en la terraza.


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